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—¡
El paciente que sigue, por favor ! —gritó
la enfermera Osa, una samoyedo muy guapetona,
alta y robusta, en la sala de espera de la
clínica del doctor Ke-Kuero—
—¡ Estos pacientes son tan lentos
! ¡ Apúrese, que aún faltan
muchos ! Le gritó a una tortuga charapita
que tenía luxado el hombro derecho.
¡ Ya voy, ya voy, ya voy ! ¡ No soy
Flash ! —dijo la charapita mientras avanzaba
hacia el consultorio de traumatología a
paso de polca.
—¡ Estos pacientitos ! —decía
la enfermera— ¡ Ufff !
Mientras tanto, al otro lado de la sala de espera,
dos regias y despampanantes perritas de
color negro se burlaban de dos recién llegados:
—¡ Mira, qué miedos o! —dijo
una—. Creo que hay que ayudarlos para que
se les quite el susto.
—Tienes razón —dijo Tosca,
mientras leía el último número
de Top Models K-Ninos. |
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—¡
Hey, ustedes ! —gritaron al mismo tiempo—.
¿ Por qué tienen tanto miedo ?
Una vocecita pequeñita salió de
uno de los caniles y se asomó un gatito
peludo color plata de cola larga como la
de un mapache, que temblaba tanto que hasta le
sonaban los dientes.
—Me llamo Duchamp —dijo—. Mi
mami me dijo que me cortaran mis 'adornitos'.
Me dijo que estaría muy saludable a partir
de mi operación de las 'bolitas'. ¡
Pero yo no le creo !
—¿ Adornitos ? ¿ Bolitas ?
¿ Qué ? ¿ Acaso estamos en
navidad ? ¡ Testículos, baby ! ¡
Así se llaman tus 'adornitos'! Hay que
llamar a las cosas por su nombre, ¿ OK
?
—OK, OK, señorita. Y en el otro
canil está mi amiga Chelita—. Era
una bella y dulce perrita, pequeñita, color
caramelo, a la que le dijeron lo mismo.
—¿ Acaso es cierto eso ? —preguntó
Duchamp.
Tosca y Bombón, regias como siempre, se
miraron ondulando sus pestañas y soltaron
una carcajada:
—¡ Ja, ja ! ¡ Por supuesto que
estarán mejor, baby ! —dijo Bombón.
—¡ Claro que sí, mi rey ! —añadió
la Tosca. Y no les dolerá, pues les
pondrán anestesia y ni la sentirán.
Ya van a ver. No hay ningún riesgo, papi;
es un procedimiento muy rápido y seguro.
—La esterilización es lo mejor
que puede hacer sus mamis por ustedes —
dijo Bombón—. No tengan miedo. A
partir de ahora crecerán sanos y fuertes.
No traerán al mundo más animalitos
de los que son necesarios. No contraerás
cáncer, Chelita, ni te dará esa
horrible enfermedad de la piometría que
nos ataca a las chicas.
—Y tú, Duchamp, no andarás
juergueándote por los techos, buscando
pelea; ni andarás detrás de las
gatitas en celo. Crecerás saludable en
casa, sin los peligros de la calle y serás
muy feliz al lado de tu familia y tus amigos.
Poco a poco
Duchamp y Chelita fueron tranquilizándose.
Entonces Chelita se atrevió a decir:
—Disculpen señoritas por la pregunta,
pero… ¿ No subiré mucho de
peso, como ustedes ?
—¿ Juat ? —dijeron nuestros
cueros—. ¿ Gorditas nosotras ? ¡
Jamás de los jamases, preciosa ! ¿
Acaso no nos ves ? Estos esculturales cuerpecitos
que Dios nos dio son pura fibra, baby. Tenemos
una dieta balanceada baja en grasas y carbohidratos,
y hacemos mucho ejercicio: acuaeróbicos,
agility, spinning, deportes de aventura, además
de salir a correr con nuestras mamás al
parque y a la playa, ¡ Ja !
—Como verán, la esterilización
es lo mejor para todos nosotros, podemos vivir
más años y bla, bla, bla...
Mientras Bombón hablaba sin parar salió
el doctor Ke-Kuero, un robusto y magnifico espécimen
de cocodrilo, de casi dos metros de altura, con
grandes bíceps, pelo en el pecho y
barba recién afeitada, bata blanca y estetoscopio
al cuello. ¡ Ay, qué churrasco !
—suspiraban las chicas.
Con su voz de barítono de los pantanos,
el doctor se dirigió a Chelita y a Duchamp
y les dijo:
—Sí, muchachos, a partir de este
momento se les abrirá un mundo nuevo, más
divertido y menos peligroso. ¡ No se preocupen
!
Y Duchamp y Chelita, sonrientes y tranquilos,
cogidos de la patita, avanzaron por el pasillo
acompañando ya sin miedo al superdoctor
mientras tarareaban: ¡ Ya es hora de aprender
que la esterilización es un deber ! |
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